Con frecuencia el fundador anhela que su empresa trascienda y crezca más allá de su existencia humana, y no perezca fugazmente como arena entre las manos de los administradores o de la siguiente generación familiar. Ello está acompañado de un ferviente deseo de disfrutar los años maduros no precisamente detrás de un escritorio.

Para que ese anhelo se cumpla, es necesario definir con suficiente antelación la forma y los plazos en que progresivamente se delegará el timón de navegación de la compañía, así como los mecanismos de rendición de cuentas de los administradores, protección al patrimonio del fundador y mantenimiento de su poder de decisión. Serrano, Figueroa & Rueda lo invita a planear con tiempo este proceso donde, ciertamente, lo menos recomendable es dejarlo al azar.